martes, 4 de diciembre de 2012

Una historia de amor

Quería compartirles un comentario sobre las Sagradas Escrituras que escuché en estos días.

Lo dijo un curita en una misa de sábado, siete de la mañana. La Biblia - decía el curita - tiene un libro inicial y uno final: El Génesis y el Apocalipsis. El principio y el final. ¿Pero el principio y el final de qué? De una historia de amor.

Simple. Sencillo. Contundente. Como una de esas verdades que uno se tarda años en digerir, y cada vez nos aportan luces nuevas. Una frase como para seguir madrugando los sábados.

El Apocalipsis no es esa historia macabra que nos venden por ahí: de oscuridad, monstruos y predicciones mayas. Es el desenlace de la historia, el término de la trama: Cristo, vencedor del mal y de la muerte, viene a ver a su pueblo al final de los tiempos. Se acerca, poderoso, a cumplir todas las promesas. Abriendo sello a sello viene a revelarnos la verdad sobre nosotros mismos. Viene a hacer realidad lo de la tierra y los cielos nuevos.

Con esa imagen, es muy interesante volver la mirada al inicio de la historia: El Génesis. El plan original. El paraíso y la inocencia. La cercanía de Dios que se pasea en la brisa de la tarde. La inquietud, la trampa. El tentador. La fragilidad humana. El pecado y la maldición. La muerte.

Contemplar el principio y el final, debería refrescar nuestra manera de ver la realidad. Es, como diría el Gabo, la crónica de una muerte anunciada. Una crónica donde el mal nunca será definitivo.

Conociendo el final, nos acercamos a la Escritura, como lo que es: una historia de amor donde sabemos de antemano que el bien es vencedor. No es una tragedia, es más bien, el final más feliz de la Historia.

La trama se narra en varios libros, en diversos dramas que van tejiendo una sola historia: la del Dios que no se queda encerrado en su cielo, sino que sale al encuentro de su criatura perdida hasta encontrarla.

En cierto sentido, esta trama se parece un poco a nuestra vida. Empieza con un llamado irresistible a la existencia y, sabemos, apunta a la felicidad plena como horizonte último.

¿Qué hay entre el principio y el final?

Pues la hermosa historia de amor que Dios va escribiendo con nosotros.

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