martes, 4 de diciembre de 2012

¿Qué hay más dulce?

Huir.
De la Luz.
De la Verdad.
Del Bien y la Belleza.
Del Amor.
Dejar todo atrás.
En fuga veloz.
Lejos.
De mi mismo.
Y de Ti.

No es casual.
Escapar.
Consciente.
De lo que cuesta enfrentar.
De lo que duele asumir.
De mi fragilidad.
De tu mirada.

Verte llegar.
Con tu caminar sereno
que lo vence todo.
Con tu mirar profundo
y tu voz tan tierna.
Con tus manos fuertes
y tu corazón hermoso.
Sencillo.
Que lo perdona todo.

Sobre tus hombros.
De regreso.
Caminando.
Sobre el mar.
Esos hombros.
Que ya han cargado antes
el peso de mi mal.
Lacerados de una cruz,
lastimados por mis culpas.

Y lo descubro.
En ese lugar.
¿Qué hay mas dulce,
más cálido,
más tierno,
a esos hombros doloridos
que su oveja perdida?
La que en sobrecogedor misterio
vale más que noventa y nueve justas.

Y lo pienso.
Me conmuevo.
Me hago más pequeño
y me acurruco en tu cuello.
Recogido.
Mientras me llevas de camino
sonriendo me susurras:

“Si alguien tiene cien ovejas
y pierde una.
¿No deja acaso
las noventa y nueve
en el campo
y va a buscar
la que se había perdido,
hasta encontrarla?
No tengáis miedo.”

 

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