Me
disculparán si termino enredándolos más de lo que pretendo ayudar con lo que
voy a escribir. En ocasiones he escuchado a algunas personas usar un argumento
para demostrar la no existencia de Dios mediante una deducción que suena muy lógica.
Lógica entre comillas.
El
razonamiento es algo así: Ustedes, es decir los creyentes, creen en un dios
bueno creador de todas las cosas. Pero en el mundo es evidente la presencia del
mal que no podría ser creado por su dios, entonces su dios no es bueno, no es
omnipotente o simplemente no existe.
Ante
este argumento los creyentes respondemos que el mal es ausencia o negación del
bien en el corazón del hombre y repetimos algunos ejemplos que escuchamos por ahí,
pero sin dar luces sobre este tema del mal.
Y
es que el razonamiento sobre la presencia del mal en el mundo es complejo. Es
duro de entender, incluso para los creyentes, que Dios lo permita. Es un
contrasentido que pone en disputa su bondad y su omnipotencia. Si Dios permite
el mal, entonces no es bueno; si Dios no puede evitar el mal entonces no es
todopoderoso.
Quisiera
partir precisamente con esas dos premisas que para los creyentes nos son
naturales: Dios es bueno y Dios es omnipotente.
Imaginemos
por un momento que nosotros tenemos el trabajo de Dios siendo, como Él,
bondadosos y omnipotentes, y vamos a crear el mundo. ¿Qué haríamos con el mal? Imagínense
si haciendo uso de nuestra omnipotencia suprimiésemos la capacidad del hombre
de optar por el mal. En el fondo eso sería anular el libre albedrío, y se
convertiría al ser humano en un simple autómata programado para realizar el
bien. El amor que se viviría en esta creación no podría ser real. Seríamos tan
solo, como dice un cantante por ahí, “lucecitas montadas para escena”.
Entonces
el Dios de los cristianos debe ser bueno y omnipotente. La creación debe ser
libre, y para esto el mal debe ser una
posibilidad. Si esto no fuera así la creación no sería perfecta y los no
creyentes nos lanzarían tomates por esto.
La
forma en la que Dios ha conjugado estos requerimientos siempre me sorprende. Ha
permitido el mal, nos ha hecho libres. Pero Él ha redimido este mal, quitándole
la fuerza destructora que tiene. Ha creado el mundo en estado de vía, como
diría Tomás de Aquino. Imperfecto en camino a la perfección, es decir perfectible.
Y para esto ha creado algo valiosísimo: el tiempo, que no es otra cosa que el espacio en el que podemos perfeccionarnos, por decirlo de alguna forma.
Al
final de la historia el mal no tendrá cabida, es decir en el cielo la creación
será plena, libre de todo mal. Pero inteligentemente no ha sido suprimido desde
el inicio.
Frente
a nuestra experiencia de mal, dolor y sufrimiento Dios no ha permanecido
indiferente. Ha abandonado su cielo y ha tomado nuestra carne haciendo suya
nuestra experiencia. Ha tomado sobre sí los pecados de todas las generaciones y
los ha redimido. Incluso la muerte, expresión máxima del mal, ha sido vencida.
El
mal ha sido tomado desde adentro y trastocado en fuente de bien. Sus
consecuencias son convertidas en espacio de conversión, en motivo de perfección
para nuestro corazón. El dolor que genera es fuente de cercanía con el Creador
y de solidaridad entre nosotros los hombres. Se nos ha dado tiempo para
arrepentirnos del pecado por el que hemos optado libremente.
La
historia de la salvación es la crónica de como el mal es vencido a fuerza de
bien. Y todo esto porque Dios, en su infinita bondad y sabiduría, ha decidido
que la oscuridad no es definitiva.
No
sé ustedes pero si yo tuviera el trabajo de Dios lo haría de la misma forma. No
se me ocurre, con mis pobres argumentos, una mejor alternativa.
Creo
que Dios, además de bondadoso y omnipotente, es también inteligente.
¿Se
te ocurre a ti alguna mejor forma de hacerlo?

