miércoles, 12 de agosto de 2015

Soy hombre y no Dios

Les comparto algo que escribí en mis últimos ejercicios espirituales. Quien me conoce sabe que esta experiencia es lo más repetitivo en mi vida. Que le vamos a hacer. Cada quien tiene su tempestad en la pasión que lo domina, decía San Agustín. Cada cual tiene un lado por el que cojea, sería una expresión más criolla. Espero que les sirva a los que cojean de lo mismo que cojeo yo.

Mi medida es más pequeña que la tuya, los cimientos que yo pueda poner son menos estables que los que puedas poner Tú, mi mirada no alcanza a ver lo que es patente para ti. Porque soy hombre y no Dios. Es muy cierto eso de que no son nuestros caminos iguales a los tuyos, y que de la misma forma en que distan los cielos de la tierra, así aventajan tus pensamientos a los nuestros. Por fortuna es así.

La angustia nace al ponderar con mi medida, construir con los cimientos que calculo yo poner, mirar solo desde mi pequeñez lo que puedo divisar. Y no me alcanza. Para lo que quiero en lo profundo de mi corazón no es suficiente. Y Tú lo sabes bien.

Entonces aparece el rayo de luz, la idea luminosa que trastoca y devela lo que cotidianamente se oculta. No estoy solo, Tú estás conmigo. Eres tu quien mide, eres Tú quien construye. Tu mirada no es como la mía. Tú sobrepasas las apariencias y ves el corazón. El mío que tan bien conoces.

Entonces quedo tranquilo. Como el mar luego de la tempestad que se ha calmado ante tu voz. Esa voz que resuena dulce y fuerte en mi memoria. Como la miel más tierna de una madre, con la firmeza paternal de quien nos sostiene. Así, el mar embravecido se acurruca en tus palabras, se duerme poco a poco, como un niño cansado de llorar algún capricho se rinde ante el amor de las caricias maternas.  

Cada quien tiene su tempestad en la pasión que lo domina. Y tu voz tiene la calma que sobre toda tormenta se debe pronunciar:

Mi medida es la mejor, mis cimientos los más estables. Mi mirada alcanza a ver el desenlace de todos los caminos. Porque todo es mío. Yo soy Dios, y no hombre.

Y a ti te he mirado con amor desde el principio. ¿Acaso no te has dado cuenta?


Animo. No tengas miedo. Soy Yo. En ninguna tempestad he dejado de serlo.