Les comparto algo que escribí en mis últimos
ejercicios espirituales. Quien me conoce sabe que esta experiencia es lo más
repetitivo en mi vida. Que le vamos a hacer. Cada quien tiene su tempestad en
la pasión que lo domina, decía San Agustín. Cada cual tiene un lado por el que
cojea, sería una expresión más criolla. Espero que les sirva a los que cojean
de lo mismo que cojeo yo.
Mi medida es más pequeña que la tuya, los cimientos
que yo pueda poner son menos estables que los que puedas poner Tú, mi mirada no
alcanza a ver lo que es patente para ti. Porque soy hombre y no Dios. Es muy
cierto eso de que no son nuestros caminos iguales a los tuyos, y que de la
misma forma en que distan los cielos de la tierra, así aventajan tus
pensamientos a los nuestros. Por fortuna es así.
La angustia nace al ponderar con mi medida,
construir con los cimientos que calculo yo poner, mirar solo desde mi pequeñez
lo que puedo divisar. Y no me alcanza. Para lo que quiero en lo profundo de mi
corazón no es suficiente. Y Tú lo sabes bien.
Entonces aparece el rayo de luz, la idea luminosa
que trastoca y devela lo que cotidianamente se oculta. No estoy solo, Tú estás
conmigo. Eres tu quien mide, eres Tú quien construye. Tu mirada no es como la
mía. Tú sobrepasas las apariencias y ves el corazón. El mío que tan bien
conoces.
Entonces quedo tranquilo. Como el mar luego de la
tempestad que se ha calmado ante tu voz. Esa voz que resuena dulce y fuerte en
mi memoria. Como la miel más tierna de una madre, con la firmeza paternal de
quien nos sostiene. Así, el mar embravecido se acurruca en tus palabras, se
duerme poco a poco, como un niño cansado de llorar algún capricho se rinde ante
el amor de las caricias maternas.
Cada quien tiene su tempestad en la pasión que lo
domina. Y tu voz tiene la calma que sobre toda tormenta se debe pronunciar:
Mi medida es la mejor, mis cimientos los más
estables. Mi mirada alcanza a ver el desenlace de todos los caminos. Porque
todo es mío. Yo soy Dios, y no hombre.
Y a ti te he mirado con amor desde el principio.
¿Acaso no te has dado cuenta?
Animo. No tengas miedo. Soy Yo. En ninguna
tempestad he dejado de serlo.
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