jueves, 18 de febrero de 2016

¿Cómo se hacen las mamás?

Las mamás están en un nivel distinto de belleza. Uno que no se mide en centímetros o curvaturas. Sencillamente es un plano diferente. Quien recuerde la sonrisa de su madre, sabe de qué estoy hablando. Es algo que se mide, si es que cabe la palabra medir para este uso, en términos de bondad y cariño. Las mamás son como un resumen y reflejo de lo que como especie somos, o deberíamos ser. En sus miradas y caricias, en sus juegos, la humanidad entera se reivindica. En el corazón materno pareciera que los seres humanos somos más buenos de lo que habitualmente parecemos, en conjunto. Por decirlo de algún modo: las mamás nos mejoran en promedio.

Cuando somos hijos nuestra mamá ya está hecha. La conocemos hecha mamá: ya tiene un corazón grande, ya se desvela por nosotros, su corazón ya late con el nuestro como si fuera uno. Ya la encontramos en ese plano distinto de belleza que nos es tan querido. Desde que tengo uso de razón mi mamá es una mamá, con todo lo que eso implica.

Pero en los pocos meses que tengo de casado me ha tocado ver, en primera fila, como es que mi esposa se va haciendo mamá. Porque yo la conozco desde hace tiempo y, aunque es muy buena persona, pues mamá no era. No en ese nivel distinto. Me tocó verla desde el caminar nervioso y el llanto enternecido con su prueba de embarazo en mano. La he visto emocionada arreglándose para cada ecografía, aunque seamos nosotros quienes vamos a ver a Juan Pablo y no él a nosotros. La vi con los mareos de sus primeros meses, la acompaño ahora con el peso que carga y las molestias musculares. La he visto llorar sin razón. La estoy viendo enamorarse de su hijo.

Creo que Dios va haciendo a las mamás para la misión que tienen. Esa misión de olvidarse de ellas mismas y ser para otros. Desde el embarazo hay una dinámica de dolor que va haciendo más grande el corazón de las mamás, y sobre la cual aparece, de manera sencilla, una alegría profunda que sobrepasa las molestias y fructifica en un amor sincero por el hijo que lleva dentro. Por ese niño que aún no ve, pero que siente suyo todo el tiempo, como parte de ella misma. Esa expresión del “amor entrañable” cobra mucho más sentido: es un amor que brota desde las entrañas. Como el de Dios, como el de las mamás.

Es algo que los papás poco entendemos. Nosotros hacemos cálculos, proyectamos y planificamos. Para eso somos buenos. Pero ese misterio que duerme en nuestra misma cama, nos despierta de las ilusiones temporales y nos pone en el mismo plano en el que ella está viviendo, para nuestro bien.

-          ¡Rápido! ¡Pon la mano! ¡Apúrate! ¡Se va a mover, se va a mover!

Y se mueve. Haciendo juegos para el papá también.

¿Cómo puede uno seguir durmiendo después de sentir eso?