Me
gustó mucho un videito que vi en las redes sociales estos días. Se los pongo al
final del post, pero también se los cuento acá, por si acaso les de pereza
darle click.
Una
madre y su hija, asumimos, se graban en
su auto haciendo una caracterización de “Love is an open door”, una de las
canciones del último éxito de Disney, Frozen. Muy gracioso, el paso del robot
me pareció lo mejor. Creo que la ternura de la hija y la complicidad que se
percibe entre ambas es lo que me hizo especial este video. Mucha naturalidad y
alegría, de esas cosas que refrescan y que aún se encuentran por ahí en medio
de tanto negativismo de los medios.
Me
quedé pensando en lo libre y espontáneos que podemos ser en ciertas etapas de
nuestra vida, sobretodo en la niñez. Son muy frecuentes las expresiones
naturales y descomplicadas. Hay mucha intensidad en la forma en la que nos
relacionamos con todo lo que nos rodea, y no tenemos la menor intención de
expresarlo con recato. Creo que al ir creciendo adoptamos formas que van cortando
esa espontaneidad. No es que dejemos de ser quienes somos, pero asumimos roles que
encasillan la manera en la que salimos de nosotros mismos y nos relacionamos
con los demás.
En
algún momento de nuestra vida hacemos este gran descubrimiento: anhelamos
volver a lo esencial, hacer de esa inocencia original nuestra forma cotidiana
de vida. Por eso es tan popular aquella expresión de Jesús: «El Reino de los
Cielos es de aquellos que son como niños». Es algo que queremos para nosotros. Incluso
nos pasa en la vida espiritual: en algún punto comprendemos que la mejor
actitud interior es la candidez confiada del hijo con su Padre; en mi opinión, éste
es uno de esos puntos sin retorno, del cual volver sería de lo más irracional. Y
resulta un verdadero desafío la búsqueda de nuestra identidad en la sencillez
de nuestra infancia, como buscando en la memoria pistas que nos hagan fresca
esa experiencia.
En
esa línea pensaba en lo mucho que este video puede aportarnos. Y, para verlo de
forma concreta, en lo mucho que puede aportar a Teigan, la joven protagonista
del video. Me la imagino dentro de algunos años observando sus expresiones y la
soltura con la que ha sido capaz de su espectáculo. Me alegro pensando en lo
refrescante que debe ser para ambas, madre e hija, recordar lo intensa de su
relación. En ese sentido el video se convierte en testimonio de todo esto.
Pero
me gustaría ir más allá. Si bien el video es capaz de guardar todas estas
memorias y traerlas al presente cada vez que sea reproducido, creo que toda
esta experiencia, de la niñez con su hondo significado, queda guardada de
manera especialísima en el corazón de los padres. Creo que ellos son custodios
de esta feliz etapa, y lo hacen con el entusiasmo del amor que viven. Pocas
cosas serán más importantes para ellos como eso que han ido atesorando tan entrañablemente
con el paso de los años.
Recuerdo
algo que alguna vez leí por ahí. Soy un pésimo cronista, así que no recuerdo
bien donde o cuando, pero lo que me dijeron es el titulo de este post: solo el
amor conoce. Y me pareció algo muy iluminador. Solo quien ama tiene la
capacidad de mirar lo esencial en cada cual. Solo quien ama pone en el justo
lugar los aspectos negativos de alguien, los vicios y defectos, sin dejarse
llevar por el ruido sensible que éstos hacen. Solo quien ama puede valorar rectamente
las cualidades del amado, y esta rectitud será siempre la máxima apreciación de
la bondad. El que ama conoce realmente porque mira más allá de las apariencias,
mira como lo hace Dios. Y ¿qué cosa es el amor, sino mirar a los demás desde la
misma mirada enamorada que tiene Dios para nosotros? Tan enamorado está que el
relator del génesis no puede más que resumir esa mirada al crearnos en la
expresión «y vio Dios que era muy bueno».
El
mal es «aparentemente» definitivo. Pero es aparente, no es cierto. Si
alcanzáramos a contemplar nuestra totalidad constataríamos que el bien es infinitamente
superior. Es por eso que «somos muy buenos», aunque también veamos sombras que admitir.
Creo
que los padres son un excelente espejo si queremos atisbar el camino para
volver a ser como niños. Por un don misterioso Dios les comparte de su mismo Amor
para que nos lo hagan llegar a esta tierra. Es una lástima que en el transcurso
de la vida nos alejemos, y perdamos el acceso a esta fuente tan pura de
valoración y estima.
En
mi experiencia, cuando he querido ahondar en como me mira Dios a mi, pues he
encontrado un poquito de luz en el amor que me tienen mis papás. Es muy revelador
descubrir el amor que soy capaz de despertar en alguien siendo como soy, pues ese mismo amor es el que soy capaz de despertar en Dios.
Gracias
a Dios ha sido así.
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